Pocos lo saben, pero el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicado en la Barranca del Pichón y que cada 12 de diciembre reúne a miles de nayaritas, tuvo su origen en una decisión tomada a inicios de la década de 1940. De acuerdo con el presidente del Comisariado Ejidal de Lo de Lamedo, Joel Jiménez Ochoa, el primer templo se encontraba en el cerro de Cristo Rey, pero ante la necesidad de un espacio de mayor dimensión se optó por trasladarlo al sitio actual, entonces una parcela propiedad de Don Santos Alonso.
Don Santos Alonso, originario del Pichón y uno de los primeros comisarios ejidales de Lo de Lamedo, donó el predio por devoción a la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, durante los primeros años surgió un conflicto territorial, ya que el ejido de Barranca Blanca reclamó la propiedad del terreno. A finales de la década de los setenta, ambas comunidades acordaron establecer como nuevo lindero un arroyo cercano, decisión tomada para evitar confrontaciones y que permitió dar por concluida la disputa.
La construcción del templo inició con el apoyo directo de la población, que aportó materiales y mano de obra. Con el paso del tiempo, Lo de Lamedo se consolidó como un punto de comercio, especialmente durante las festividades religiosas, cuando se vendían productos agrícolas, alimentos y bebidas tradicionales, generando ingresos para las familias de la zona.
Actualmente, el terreno donde se asienta el santuario pertenece a la Iglesia, tras el reconocimiento legal de las asociaciones religiosas, mientras que la explanada y el camino de acceso son administrados por el ejido. Esto permite que, en cada celebración, los habitantes puedan comercializar sus productos y convertir la festividad en una verbena popular que año con año convoca a los fieles con el propósito de agradecer a la Virgen de Guadalupe.





