
Más de 16 mil hectáreas de manglar en Nayarit se encuentran hoy entre dos posibles caminos: recuperarse o dejar de ser manglar. La superficie clasificada como “manglar perturbado” pasó de 2 mil 736 hectáreas en 2020 a 16 mil 834 en 2025, más de seis veces lo registrado cinco años atrás, de acuerdo con el Sistema de Monitoreo de los Manglares de México de la Conabio.
La clasificación no significa que toda esa superficie vaya a desaparecer. Conabio denomina manglar perturbado a zonas con mangles muertos o en proceso de regeneración y las considera áreas de transición que, con el tiempo, pueden recuperarse o transformarse en otro tipo de cobertura. La dimensión del problema es considerable: en 2025 Nayarit conserva 49 mil 111 hectáreas clasificadas como manglar, además de las 16 mil 834 perturbadas; estas últimas representan alrededor del 25.5 por ciento de la superficie conjunta de ambas categorías.
Lo que está en juego va más allá de la vegetación costera. Los manglares funcionan como barreras naturales frente a huracanes, inundaciones, oleaje e intrusión salina, ayudan a controlar la erosión y sirven como zonas de refugio y crecimiento para peces y crustáceos que sostienen parte de la actividad pesquera. La expansión de las áreas perturbadas implica, por ello, miles de hectáreas cuya recuperación resulta relevante tanto para los ecosistemas como para la protección y las actividades económicas de las comunidades costeras.





