La mañana de este jueves se formó la tormenta tropical Gil en el Océano Pacífico frente a las costas de México, pero ha llamado la atención debido a su trayectoria inusual, que apunta hacia el interior del océano casi de manera paralela al ecuador, a diferencia de la ruta tradicional que suele llevar a estos fenómenos hacia el noroeste y la costa de México o Estados Unidos.
De acuerdo a los pronósticos, Gil mantiene un rumbo principalmente hacia el oeste, con una ligera expectativa de giro hacia el oeste-noroeste, sin que se pronostique impacto directo sobre tierra firme por el momento. Además, otros sistemas con potencial ciclónico se están desarrollando también sobre aguas oceánicas y exhiben patrones de desplazamiento similares.
Según expertos, esta desviación en la trayectoria habitual se explica por una serie de factores climáticos y atmosféricos que están modificando las condiciones normales en la región.
Uno de los factores son los vientos alisios, que generalmente impulsan a los ciclones hacia el noroeste, presentan actualmente una menor intensidad, lo que limita el empuje de los sistemas en esa dirección.
La Zona de Convergencia Intertropical, una franja ecuatorial donde se originan la mayoría de los ciclones tropicales, se encuentra desplazada hacia el ecuador o presenta una configuración de vaguada monzónica invertida. Esto favorece que las tormentas se muevan más alineadas al ecuador, en lugar de curvar hacia latitudes más altas podría ser otro factor.
También la transición climática entre El Niño y La Niña está generando un enfriamiento relativo en la zona oriental del Pacífico, estabilizando la atmósfera y disminuyendo la formación de ciclones con trayectorias convencionales.
La presencia de ondas ecuatoriales y Rossby contribuye a que los fenómenos se formen y desplacen a lo largo de una ruta este-oeste, paralela al ecuador es otra condición que influiría en este fenómeno de las rutas atípicas de los ciclones.
Estas condiciones conjuntas, explican por qué Gil y otros sistemas tropicales actualmente evitan una trayectoria hacia el nornoroeste, permaneciendo sobre aguas profundas y reduciendo el riesgo de afectación a las costas mexicanas y estadounidenses en el corto plazo.
Meteorólogos mantienen un monitoreo constante para observar cualquier cambio en el patrón de movimiento y recomiendan a la población seguir las indicaciones oficiales de los organismos meteorológicos nacionales e internacionales.







