Después de las advertencias por Simón, algunos usuarios en Nayarit cuestionaron las precauciones porque el huracán permaneció en el mar y no ocurrió el escenario más temido. En Ensenada, la experiencia con Rachel dejó una realidad distinta: comunidades inundadas y familias que no imaginaron perder sus hogares.
Rachel, que durante su trayectoria alcanzó la categoría 3 como huracán, dejó alrededor de mil 500 viviendas afectadas entre Ensenada y San Quintín, según el balance federal del 16 de octubre. Las corrientes arrastraron casas y vehículos, mientras los deslaves sepultaron habitaciones y pertenencias bajo toneladas de tierra.
La emergencia alcanzó también al Hospital General de Ensenada, donde las inundaciones obligaron a evacuar pacientes, y se extendió hacia otros municipios de Baja California con calles anegadas, fallas eléctricas y personas atrapadas. En algunos sectores de Tijuana, el agua llegó a dos metros dentro de viviendas y vialidades.
Los daños continuaron después de que disminuyó la lluvia, pues la inundación de la planta desaladora dejó sin suministro a cerca del 22 por ciento de la población de Ensenada. A las viviendas dañadas se sumaron caminos y puentes afectados, cultivos perdidos y alrededor de 200 cabezas de ganado.
Antes del desastre hubo llamados para alejarse de los cauces y evitar cruzar arroyos, aunque algunos sobrevivientes relataron que no esperaban una crecida semejante porque otras lluvias no habían alcanzado sus casas. Esos testimonios describen sorpresa ante la magnitud del agua, sin acreditar que las familias hubieran rechazado una evacuación.
Los efectos de Rachel también provocaron daños costeros en Nayarit y Sinaloa, pero las inundaciones en Baja California concentraron las consecuencias más graves documentadas. El ciclón llegó a esa entidad como un sistema postropical, una condición que no impidió el desbordamiento de arroyos ni la destrucción de viviendas.
Para Nayarit, el contraste permite dimensionar por qué una advertencia se emite antes de conocer el desenlace: la trayectoria puede cambiar y las lluvias, el viento y el oleaje representan riesgos aunque el centro permanezca mar adentro. Que Simón no tocara tierra en el estado no vuelve imaginaria la amenaza.
Una semana después de las lluvias, algunas familias de Ensenada seguían recuperando pertenencias entre el lodo, mientras otras continuaban buscando a una mujer desaparecida. El saldo humano llegó a nueve personas fallecidas, cuatro de ellas menores de edad, en una emergencia cuya magnitud algunos habitantes no habían previsto.





