El volcán Ceboruco se mantiene como un sistema activo, de acuerdo con estudios recientes y monitoreo científico, sin que hasta el momento existan indicios de una erupción inminente.
Investigaciones del Instituto de Geofísica de la UNAM y del Servicio Geológico Mexicano han confirmado actividad interna en el volcán, detectando emisión de gases, calor en el cráter y procesos hidrotermales.
Especialistas señalan que el Ceboruco cuenta con un historial eruptivo activo, documentado desde estudios científicos que lo clasifican como un volcán con dinámica vigente y no como uno inactivo o extinto.
Registros históricos indican que ha presentado al menos ocho erupciones en el último milenio, destacando la ocurrida alrededor del año 930, conocida como “erupción de Jala”, considerada de gran magnitud en México.
Entre 1870 y 1875, el volcán registró su episodio más reciente de actividad eruptiva, con explosiones, caída de ceniza y flujos de lava que aún permanecen visibles en la zona.
De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres, cualquier reactivación estaría precedida por señales como sismos volcánicos, deformación del terreno y aumento en emisiones de gases.
En caso de una erupción, las afectaciones podrían alcanzar municipios como Jala, Ahuacatlán y Tepic, dependiendo de las condiciones del viento, con presencia de ceniza, gases y posibles flujos piroclásticos.
Autoridades y especialistas coinciden en que, aunque el volcán se encuentra en reposo, el monitoreo debe mantenerse permanente debido a su ubicación en el Eje Neovolcánico y su cercanía con zonas habitadas.






