Con el paso de los años, El corrido de «El Caballo Blanco» ha sido acompañado de una historia acerca de que dicha canción de José Alfredo Jiménez no hablaba de un animal, sino de un automóvil blanco, un Cadillac con el que solía recorrer las carreteras, y que el viaje narrado en la letra del corrido sería en realidad el de ese coche y su desgaste.
Sin embargo, es necesario precisar que no hay confirmación de esta teoría, la idea ha sobrevivido porque encaja con la vida ambulante del compositor y con la forma en que solía convertir lo cotidiano en canción. El avance del “caballo”, el cansancio y el final del camino, han sido leídos y escuchados por generaciones como algo más que un simple viaje.
El corrido de El Caballo Blanco sigue funcionando como una historia sobre el paso del tiempo y los trayectos que dejan huella, sobre todo por cruzar los «cerros verdes y lo azul del cielo de Nayarit».

Chrysler Imperial 1957, el verdadero “caballo blanco”






