Luego de varios tiroteos en las escuelas de Estados Unidos en los que alumnos perdieron la vida, un vecino de Hancock, Indiana, Todd Drummond, concibió la idea de escritorios a prueba de balas.
Su creación está diseñada para poder albergar a un menor en caso de producirse un incidente.
El escritorio con un peso de 60 kilómetros está hecho con materiales de gran resistencia y «puede resistir el impacto de una pieza de bolos a 88 kilómetros por hora.
El pupitre cuenta con una compuerta que protege su interior y «se necesitaría una fuerza tremenda para abrirlo», afirmó el inventor.
Cada escritorio tiene un valor de 1,800 dólares pero busca a través de donaciones regalarlos a las escuelas menos favorecidas y evitar futuras masacres de estudiantes.






