De acuerdo a los primeros datos extraoficiales sobre la identificación de las víctimas de la explosión de la pipa en Jala, se sabe que tres de las víctimas viajaban en un auto Cruze y se trataba de Jessica López Prado, que era ingeniero en logística y transporte, y su hermana Verónica López Prado era educadora, ambas originarias y habitantes de Silao, Guanajuato.
Según datos recabados, en este auto viajaba también el hijo de Verónica, de nombre Diego Said Fierros López y en otro carro aparte venían los padres de las hermanas; toda la familia venía de Guanajuato con rumbo a Puerto Vallarta a pasar unas vacaciones.
Los padres venían varios metros atrás del auto siniestrado en el que perdieron la vida sus hijas y nieto y fueros testigos oculares de todo el suceso.







