El pasado 5 de febrero, la vida de Carlos Ramos Plata se apagó de forma inesperada. Mientras realizaba la instalación de fibra óptica en la carretera Tepic-Aguamilpa, una descarga eléctrica terminó con sus sueños y dejó a su familia con un vacío irreparable.
A sus 21 años, trabajaba con esfuerzo para construir un mejor futuro junto a su esposa Itzel, sus dos hijas y el bebé que venía en camino, al que nunca podrá conocer.
Carlos creció rodeado de cables y herramientas, inspirado por su padre, quien dedicó su vida a las telecomunicaciones. Desde joven, siguió sus pasos con pasión y compromiso. Sin embargo, más allá de su labor, su familia cuenta que era un esposo amoroso, un padre dedicado y un hermano que siempre encontraba la manera de hacer reír a los suyos.
Aunque el destino le negó la oportunidad de conocer a su bebé, su legado vivirá en cada miembro de su familia.





