El 17 de noviembre de 2019 el Gobierno chino detectó y confirmó una extraña enfermedad en un paciente hombre de 55 años, que vivía en la provincia de Hubei, en Wuhan; se trataba de una neumonía atípica y lo que más tarde sería conocido como el Paciente Uno de la pandemia por COVID-19.
Según el portal informativo South China Morning, durante las primeras semanas del inicio de la enfermedad y hacia el final del 2019, el incremento de contagios fue presentándose en grupos de cinco, quince y hasta sesenta casos en China, ninguno de ellos pudiendo ser identificado como el Paciente Cero.
No sería hasta el mes de febrero cuando el virus lograra circular con gran rapidez, alcanzando toda la región asiática, seguido por las naciones europeas y, finalmente, logrando su impacto en la región de las Américas, donde hasta el día de hoy se han logrado concentrar la mayoría de los contagios.
Un año después de aquel primer paciente, el mundo ha presentado 55 millones de casos, de los cuales Un millón 327 mil 500 personas han fallecido a causa de esta enfermedad; siendo Estados Unidos, Brasil, India, México y Reino Unido, las naciones que han reflejado más pérdidas humanas.






