Un restaurantero llamado Ramón Sesma Coronado, lloró luego de que le explicara a sus empleados que ya no podía pagarles tras reducirse drásticamente sus ventas a causa de la contingencia por COVID-19.
Dijo que la situación de sus dos franquicias de comida se ha vuelto insostenible, pues ha sido insuficiente el servicio a domicilio.
Explicó a sus colaboradores que sería “irresponsable” seguir pagándoles ya que cuando acabara la pandemia, ya no existiría la empresa de la que es propietario y no tendrían un puesto de trabajo a dónde volver.
Preguntó a sus 80 trabajadores si con el último recurso disponible les pagaba su salario o cubría los impuestos al gobierno y al seguro social.






