Vecinos, familiares, asociaciones y hasta quienes no la conocían se unieron para darle el último adiós a Fátima, la niña asesinada recordándola como muy alegre, sonriente, feliz, rebelde “muy vaga”; también brindaron apoyo a la familia, algunos con despensas, dinero y otros más pusieron sus manos para limpiar el lugar donde sería velada.
La menor vivía con su familia en un cuarto de no más de 10 metros cuadrados cuadrados en una condición precaria, y las actividades de los adultos la obligaron a crecer prácticamente sola, sólo la acompañaban sus dos perros: Lucky y Spike.
“Ya sabíamos cómo vivían, no nos metíamos con ellos ni les decíamos nada, pero ella era un sol, siempre nos hacía reír, platicaba mucho de las novelas, de cómo le iba en la escuela, todos la conocían, cuando no había de comer en su casa pasaba y le dábamos con gusto, de todo corazón; siempre pedía comida también para sus perros, era un encanto de niña, no se vale que la hayan matado así” comentó Margarita quien era su vecina.
Fátima fue despedida con una valla humana, entre aplausos, lágrimas y gritos en un pequeño ataúd blanco.






