La historia de don Melquiades Sánchez, voz del Estadio Azteca, contada por él mismo

«Mi padre era pintor y yo estaba destinado a la pintura. Mi padre pintaba letreros, pintaba anuncios de publicidad de aquel entonces, pintaba casas inclusive. Todo eso me abrió el camino y la imaginación para emprender mi carrera en la pintura».

«Empecé mi carrera de forma autodidacta y con el tiempo entré a la Escuela de Bellas Artes de Jalisco, en Guadalajara. Al quedar huérfano, como a los 16 años, tuve la espinita de estudiar cuestiones de ciencias físicas y naturales. Un libro muy interesante despertó en mí cierta inquietud hacia la electricidad y la electrónica de ahora».

«Un día, contemplando un aparato de comunicación en una estación de radio, me confundieron con alguien que iba a hacer una prueba. Dije que era yo, entré, me pusieron a anunciar y les gustó mi voz. Al día siguiente estaba ya como locutor de la XERK».

«Emigré a Guadalajara en 1946 y por suerte me tocó estar en las mejores estaciones de ahí. Durante 10 años trabaje en eso, combinándolo con la pintura que nunca he dejado. Acababa de realizar mi primera exposición personal en el Club de Leones de Guadalajara y me pagaron unos pesos por los cuadros que había vendido. Acordé con mi esposa y dos hijas que fuéramos a la Ciudad de México, que nos alcanzaba para unos 8 días.

«Las traía a conocer, llegamos a México con un paquete de unos 10 cuadros que me habían sobrado de la exposición, los expuse en el Jardín del Arte y me fue bien. Empecé a vender y eso nos abrió las puertas para quedarnos, desde entonces los 8 días no se han completado».

«Llegué a la aventura a la Ciudad de México en 1956. Estuve cuatro veces en el Palacio de Bellas Artes en exposición colectiva, en el Museo de Arte Moderno y también en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de Phoenix».

«Un día, frente al caballete, me pregunté qué pasaría si yo escribiera como si estuviera pintando. Así empecé con una frase de mi primer libro dedicado a Tepic, ‘Tepic, ciudad de recuerdos’. Empecé a escribir y no sabía en lo que me metía. Tuve dificultades para salir adelante pero me gustó. Aproveché el romanticismo de mis paisanos y el sentimiento sobre la tierra».

«He tenido la suerte de estar en lugares importantes, tuve mucha suerte y muchos amigos me ayudaron. He trabajado en las estaciones en las que muchos jóvenes soñaban cuando nos juntábamos en la plaza de armas. Todos soñaban con ser locutores de la XEW. Yo, como provenía de una capa social modesta, no tenía oportunidad de soñar entonces».

«Me tocó la suerte de estar no solamente en la XEW, también en la WEQ y en la XEB. Salté al canal 5, en donde sigo trabajando actualmente. Tengo el privilegio de ser la voz del Estadio Azteca, lo he sido durante 50 años. Me ha tocado ser también la voz de dos Mundiales, el del 60 y el del 86».

«En 1960 yo escribí todo lo que se dijo en la inauguración y en la clausura y me tocó anunciar la primera tarjeta amarilla que se estrenó en aquel mundial. En el 86 me tocó estar a cargo totalmente del sonido del Estadio Azteca. Por mi afición a la electrónica, manejé los aparatos y hasta soldaba piezas».

«Yo nunca he buscado trabajo, siempre me lo han dado. La única vez que lo hice no lo conseguí, fui a la XEQ, fui a la XEB, pero no me pude colocar. El mismo Azcárraga fue quien me mandó al Estadio Azteca. Las cosas se dieron por mero accidente, por un dedazo o por el destino. El hecho de recibir con tanta facilidad un trabajo, me ha hecho entregar siempre algo a cambio. Tepic, y Nayarit en general, ha sido mi origen y el origen de todo lo que soy ahora».

«Aquel viejo Tepic de 1930, cuando yo era niño y empezaba a abrir los ojos a la vida, me dejó muchas enseñanzas que sigo aplicando ahora. He tratado de ser el niño de aquel entonces, con las responsabilidades del adulto y con las tareas que la vida me ha marcado. Me ha servido mucho el no perder la idea de vida que tenía desde entonces. Siempre he jugado con la vida, aunque la he tomado en serio y a veces no».

«Yo soy el que no me tomo muy en serio, eso me ha dado buen resultado. Me atormentan muchas cosas como a todo mundo, pero trato de que sean menos cada día. Trato de que sean menos pero a veces son más y pues bueno, qué le vamos a hacer. La vida es como una tela en blanco, de uno depende hacer una obra de arte o dejarla en blanco.”

Texto publicado originalmente el 24 de agosto del 2016 en la página «Nayaritas del Centenario»